SARS-COV2 / AGUA

Tras la pista del coronavirus en las aguas residuales

https://www.sanidadambiental.com/wp-content/uploads/2020/11/EVALUACI%C3%93N-RENOVACI%C3%93N-AIRE.pdf

Fuente: SINC

Entre los primeros estudios al respecto, figura el publicado en Science of the Total Environment, donde confirman la primera detección de SARS-CoV-2 en aguas residuales no tratadas de Australia.

El autor principal, Warish Ahmed, del centro CSIRO Land and Water, coautor también de una review reciente sobre los avances en este campo, apunta que «La detección del ARN del coronavirus en las aguas residuales proporciona un sistema de alerta temprana que ayuda a identificar los lugares críticos y a realizar intervenciones como advertencias sanitarias o aumentar los test”.

En Europa también se comunicaron en revistas científicas las primeras detecciones de SARS-CoV-2 a finales de febrero en aguas residuales de Italia, en Milán concretamente, aunque el Instituto Superior de Salud (ISS) italiano emitió posteriormente una nota de prensa indicando que el coronavirus ya estaba presente en diciembre de 2019 en las aguas fecales de esa ciudad y de Turín.

En otros países, como Países Bajos, se recogieron muestras positivas en el aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol cuatro días después de descubrir los primeros casos el 27 de febrero. Este hallazgo fue presentado por Ana María de Roda Husman y otro colega del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente (RIVM) neerlandés en la revista The Lancet Gastroenterology and Hepatology.

No todas las personas contagiadas excretan coronavirus detectables

De Roda Husman aclara: “No todas las personas que tienen la covid-19 excretan partículas detectables de coronavirus en sus heces. Lo hace el 40 % o algo más. Unas personas tienen más cantidad que otras, y esto no depende de si tiene muchos o pocos síntomas, es decir, aparecen coronavirus en las heces de los asintomáticos”.

Respecto a si la cantidad de partículas víricas encontradas en las aguas residuales permite saber el número de personas con covid-19 en la zona, la respuesta actual es no, “aunque estamos desarrollando un modelo para estimarlo”.

La investigadora española Gloria Sánchez del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) y coautora de otro de los artículos más citados sobre el tema, publicado en Water Research, coincide: “Se pueden ver tendencias y anticipar. Antes de que aparezcan los casos clínicos podemos detectarlo en las aguas, pero lo que todavía no se consigue es correlacionar las concentraciones víricas que hay en ellas con el número de personas infectadas”.

Los resultados pueden ayudar a seguir mejor la evolución de la pandemia en todas las escalas: desde centros puntuales (hospitales, residencias de mayores, colegios…) hasta municipios, regiones, países y a escala global.  

 

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, el Canal de Isabel II ha establecido un mapa de 290 puntos de muestreo en redes de alcantarillado y estaciones depuradoras para, entre otros objetivos, tratar de predecir los ingresos hospitalarios. En Valencia está en marcha un proyecto similar y en Cataluña se puede visualizar la circulación del coronavirus por sus aguas residuales a través de la web Sarsaigua.

Desde finales de noviembre, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) también publica semanalmente en su web los resultados de los muestreos que se realizan en las más de 30 estaciones depuradoras que forman parte de un proyecto de Vigilancia y Alerta Temprana de COVID-19 en aguas residuales (VATar-COVID-19).

A escala internacional existe el proyecto COVID-19 WBE Collaborative, un punto de encuentro donde universidades, centros de investigación, administraciones y otras instituciones colaboran en este campo. En su web se explica que la monitorización de las aguas residuales para encontrar SARS-CoV-2 es efectiva para predecir los brotes de covid-19 entre 2 y 14 días antes de que se produzcan.

A la pregunta de si es contagioso el coronavirus de las aguas residuales, desde el centro RIVM neerlandés responden: “En este momento no hay evidencia de infecciones humanas transmitidas a través de las heces o las aguas residuales”.

“Lo que detectamos son trazas del material genético, es decir del ARN del virus, pero no podemos decir si es infeccioso o no”,  recalca Gloria Sánchez, “aunque al ser virus con envuelta lipídica, más sensibles a los tratamientos y a los factores de dilución, se cree que no son infecciosos”.

“Hasta la fecha —concluye— nadie ha conseguido demostrar que lo que se encuentra en aguas residuales sea infeccioso, y tampoco se ha visto que los trabajadores de las plantas tengan una mayor tasa de incidencia de la covid-19 que el resto de la población. Aunque el riesgo cero no existe, la transmisión del coronavirus a través del agua se considera muy improbable, pero se sigue investigando el tema.”

Un test de papel para detectar coronavirus en las aguas

Entre los artículos científicos más citados sobre covid-19 y aguas residuales, figura una propuesta en Environmental Science & Technology de científicos de la Academia China de las Ciencias y Zhugen Yang de la Universidad de Cranfield (Reino Unido), donde se está desarrollando un dispositivo basado en papel para detectar el coronavirus en las aguas de las plantas depuradoras u otros lugares (hoteles, escuelas, residencias, centros comerciales…) de una forma diferente a la tradicional por PCR.

Este test o herramienta analítica incorpora diferentes áreas funcionales imprimidas con una impresora de ceraque, mediante productos químicos y filtros, realiza todos los procesos (extracción, enriquecimiento, purificación, elución, amplificación y detección visual) necesarios para identificar el ácido nucleico del virus en un material tan económico como el papel.

“De momento lo estamos desarrollando en nuestro laboratorio de Crandfild, pero el objetivo es implementarlo para la detección rápida e in situ del coronavirus en aguas residuales del Reino Unido u otros lugares”, adelanta Yang a SINC.

Test de coronavirus en aguas residuales basado en papel. / Zhugen Yang et al./ Universidad de Cranfield

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